lunes 27 de febrero de 2012

ACTUALIDAD



A diario, repetida hasta el adormecimiento total, como si de miles de gotas malayas se tratara, haciendo su labor perfecta, estratégica y perfectamente planificada, con la indolora mendacidad del horror pasado por el túrmix de la indecencia más absoluta, asumida por todos quienes rápidamente se ponen a otra cosa para ver si escampa.
En tanto la tragedia se repite minuto a minuto en el sinfín de infiernos tan localizados como puestos en cuarentena, con idea de que causen el efecto más interesado, en el olvido de los desgraciados muriendo de mala manera, mientras hace lo que puede el fútbol, el gran espectáculo, mientras vota el insigne matarife sirio, a 50 muertos el día, sin nombre en las editoriales, con su rostro quyerido, su existencia partida entre los suyos, y las FARC que prometen renunciar a su criminal ocupación, de momento, en tanto el fútbol apenas deja un resquicio al baloncesto, y de paso los abertzales lamentando lo justo por si cuela, y el yerno espabilado que salpica su estúpida inmoralidad como si prometiera no haber roto un plato nunca, ahora que la justicia ha perdido toda credibilidad y los parias caen como moscas y los grandes delincuentes de la gama alta estiran y estiran el el chiringuito judicial como si fuera propio y les debiera algo, tan bobo el yerno como solemne el perillán, tan pringado de nuevo el yerno como soez su codicia, a pesar de sus ínfulas, y dale al fútbol por la banda y al baloncesto bajo la canasta, mientras los popes de uno u otro credo dejan en mejor lugar a su dios hipotecado ante el avance inmisericorde de la ciencia, como si ésta enfadara al dios del rictus estreñido, en tanto son sus profetas en la tierra los de la mala leche, ahora que los rusos o los chinos o los americanos . . . vetan y vetan . . . mientras en cualquier rincón del mundo muere un desheredado que nadie conoce y otro pobre reclama justicia como si no, sin que nadie oiga su grito desgarrador y se ponen altavoces a los desmanes de los corruptos de tergal y descaro. Entre el escepticismo y la suspicacia, entre la desesperanza y el arribismo miserable de los prohombres que saben a qué estamos jugando . . . todos para que ganen ellos.
Restregada la actualidad en la penuria moral que asola cualquier atisbo de regeneración social . . . ahora que ya nos han asegurado que solo toca pagar y callar, . . . aunque en el camino a urgencias muera una paciente que iba hacia otro lado, o no, que a quien le importa . . . mientras no nos vaya pasando a nosotros. . . ¿verdad? Y mueran otros muy lejos.
Mientras los grandes de la tierra se reúnen y ríen, al margen de sus súbditos que habrán de plegar su dignidad en aras del desarrollo global de los barandas que ahoga y ahogan, con pericia y profesionalidad, hasta que caigamos en sus fauces cuantas veces ordenen, durante el tiempo que aconsejen . . . bajo la ley dictada por los canallas que hemos ido eligiendo con desparpajo inducido, como poco, con insolente credulidad como mucho, con el egoísmo más absoluto puesto a prueba demasiadas veces. . . después de haber perdido otras tantas veces.
Torre del Mar 27 – febrero – 2.012

CAMPEÓN



No veo los partidos de Nadal aunque sepa de sus hazañas deportivas. No me puedo declarar, pues, un seguidor enfervorizado de los logros tenísticos de Rafa Nadal, aunque sepa de su campeonísima trayectoria por todas las pistas y campeonatos del mundo.
Hoy le he escuchado que él hace lo que le toca hacer, como español y como persona de bien añado yo: pagar sus impuestos aquí en su país, en su tierra, como hacemos, con mejor o peor gana, millones de compatriotas.
Y por primera vez y según le estaba escuchando me ha surgido la palabra ¡campeón!, sentida y emocionalmente entregada a un ciudadano, un español, del que me puedo y debo enorgullecerme, más allá de darle las gracias por su ejemplo y su conducta, en nombre del esfuerzo de cuantos apoquinamos lo que nos corresponde para arrimar el hombre, por este país, por nuestros convecinos y compatriotas, faltaría más, en un ejercicio de caballerosa solidaridad, para que no todo se hunda enfangado en la miseria moral de otros muchos, anónimos o ensalzados, que buscan el atajo para quitarse de en medio, para gozar de las loas en detrimento de las cargas sociales, seguros de que, al cabo, habrá suficientes paganos que se hagan cargo del montante, aunque éste se recorte más de lo debido y pierdan, una vez más como siempre, los parias que, a pesar de todo, ovacionarán a los colosos inmorales y chorizos protagonistas de las gestas que emboben a los paisas que rabiarán por el “pan y circo”, aclamados los ídolos sin alma, sin vergüenza, confundidos y olvidados los ciudadanos responsables, mientras se encanalla la percepción que de vería ser ejemplar y solo se transmuta oportunista e interesada
Una lección más, un trofeo más en las vitrinas de la decencia y la honestidad que, estoy segura, tendrá abarrotadas el gran campeón: Rafa Nadal.
Rafa Nadal: un compatriota, uno más, un ciudadano ejemplar, un ejemplo, un campeón inigualable. ¡Gracias!

Torre del Mar 27 – febrero – 2.012

domingo 26 de febrero de 2012

SOÑANDO EL MAR


Para Leonardo y Miranda


Como un cohete bucea el tiburón,
bajo el agua, zigzag el tiburón,
muy serio y calladito,
va y vuelve el tiburón
raudo asomando el timón.

De vez en vez, muy pancha
y tragaldabas, panza arriba
la ballena, dormita y resopla
la ballena, ola a ola, sin prisa,
tomando el sol la ballena.

Y abajo en el fondo del mar,
se estira cinco veces,
brazo a brazo,
la estrella de mar,
y se asoma el pulpo
de refilón, el pulpo
desde su cueva,
desconfiado y algo torpón,
y también ¡atchís, atchís!
la concha fina destapa
su galbana en un remolino
de arena y agua de mar,
al compás del coro de algas,
para aquí, para allá,
al fondo del fondo,
en silencio de sal,
a la sombra del sol
bajo el mar.

Y juguetea la ballena,
y serpentea el tiburón,
tras el delfín saltarín,
dándose las colas,
jugando a pillar,
tras la tortuga que
presume de pereza
a cuatro brazas, mientras
pasea y nada muy serio
el señor don mero, y se duerme
tan acunada la malhumorada
medusa, pica que te pica,
tras el pez aguja para coser
la espuma que se escapa,
de ola a ola, arriba y abajo,
a vueltas con la sardina,
de vuelta con el boquerón,
mientras silba el aire y
enreda sin remedio la red
del barco pescador.

Al mar de chapuzón,
hasta más allá
del horizonte multicolor,
entre iris y gaviotas
a contraluz, danzan las velas
a la brisa, de puntillas,
mientras asoma muy despacio
el periscopio curiosón,
ahora que yo un pie primero
y luego el otro pie, hago
que hago por saltar
una ola y otra después.

En tanto ronca chorros de agua
y sal la ballena Mirandilla,
y vuela que nada, corre que te pilla,
como un escalofrío el tiburón
mimosón, Leonardo campeón,
al fondo del mar,
soñando el mar,
de cara al mar.

Torre del Mar 25 – febrero – 2.012

sábado 25 de febrero de 2012

ESE TESORILLO




Mi tesoro, mi príncipe, mi princesa, mi morro, mi pedazo de corazón, mi lucero, mi rey, mi dulce, de dulce mi dulce, mi reina, mi niño del alma, mi lucero, mi niña de los ojos, mi todo, mi amor entero, mi alma y mi corazón, mi tesoro escondido, mi sol, mi niñita, mi niñito, tan guapo él, tan linda ella, tan relisto él, tan relista ella, radiante mi niño, deslumbrante mi niña, de bebé con sus encajes, y su ricito, y su lacito, y sus ojos tan grandes, y su boquita como una fresa, y su suavidad como de terciopelo, que las pilla al vuelo, en el día más feliz de su corta infancia, de princesa y de almirante, de relamido o de sport, el niño como un sol, la niña como otro sol igual de grande y cegador, como dos soles los niños reyes de la casa, del mundo, de la creación entera, por únicos, por no haber otros como ellos, medrando como angelitos, tan ocurrentes, tan chistosos, tan espabilados que asustan, que saben decir no, hello y bay bay, y le dan a la tecla acertada, los borriquillos cuando quieren, los vergonzosillos cuando quieren, los niños recién descubiertos en su encanto particular, los tesorillos que dejan con la boca abierta, tan tan los rapazuelos que están para comérnoslos, ¡lástima de oportunidad perdida!, los preciosos niños, el centro del universo, en la reunión familiar, artistas de las gracietas y los desaires, tan ricos las ricuras de rica impertinencia, los niños sobre los algodones de sus caprichos, tan pesaditos, e inaguantables, e insoportables los insulsos mequetrefes, dechados de benditas ñoñerías, los pequeños tiranuelos del amor no correspondido, por los mimos hacia el chantaje emocional y al revés, recogidos en el regazo de sus mamás y papás, aguardando una nueva fechoría, blanco de admiración para volver a ser único entre tantos, mi cosita buena, guapa y lista, el niño de mis desvelos y suspiros, como una luminaria inigualable, el infante que interrumpe y no oye, que arrasa y exige, que llora y patalea, porque sí, el muchachito consentido y egocéntrico, como un insobornable extorsionista, sin el mínimo atisbo de clemencia o consideración, sin poder aguantar el mismo, el niño que devora cuanto más le puede convenir, en el vértigo por el abismo que le seduce, tal vez por llamar la atención sin descanso, mi desamparado pequeñín, tan incapaz, tan dependiente, tan parásito del amor que no le compensa, ni así, ni teniendo el mundo a sus pies, mi niño, mi hijito, mi dedicación absoluta por el imberbe que atosiga y empacha, el niño víctima de tanto cariño avasallador, el niño inútil y desgraciado, sin capacidad de resolver sus mínimos contratiempos, el niño que no supera la más pequeña frustración, el niño feliz abocado a ser infeliz toda su vida, mi niño en el laberinto de sus inacabables mohines, mi niño destrozado en el fárrago de su absurdo mundo imposible, mi niño odiándome como su último refugio.

Torre del Mar 25 – febrero – 2.012

ES VERDAD



Es verdad que tener un hijo es un milagro mágico y maravilloso, tanto como para decir que es lo mejor que le ha ocurrido a una y a uno en la vida, tanto como para soñar con las correrías, logros y éxitos del bebé en el regazo de sus padres, tanto como sentir un estremecimiento que atolondre y paralice para que ese botón de vida incipiente nunca pueda llegar a pasarle nada malo.
Es verdad que el amor por un hijo es, por lo tanto, inconmensurable y devastador, con vigilias y preocupaciones atropelladas, mientras se hace niño y mocito el retoño en su placidez.
Es verdad que es muy fácil caer en la superprotección y el cariño sin límites, para que no le suceda nada, para que no sufra, para que lo tenga todo en su punto y a su hora, para que todas las oportunidades pasen por la puerta del chiquillo casi adelantándose a llamar, a ser deseadas o imaginadas, siquiera, por el pequeño infante.
Es verdad que, y sin embargo, a menudo agota el chiquillo, es verdad que el príncipe de los sueños azorados, el cisne de los cuentos de al revés cada día se parece más a un encantador pato de estanque, es verdad que a veces los desvelos abruman y las desazones hurgan en la duda por si . . . algo está fallando.
Es verdad, por lo tanto, que uno quiere lo mejor para su hijo y a veces la historia no va saliendo como se había imaginado . . . y el crío contesta, desobedece, insulta . . . y da patadas en la espinilla, y dice déjame en paz más demasiado a menudo.
Es verdad que se procura allanar los obstáculos y las dificultades hasta donde se puede y un poco más.
Es verdad que a una madre o a un padre se le parte el corazón si ve que su hijo va a sufrir . . . siquiera un poco.
Y sin embargo . . . a nadie se le ocurre dejar a su hijo con la pierna rota o la herida abierta para que no le duela el arreglo del descalabro mientras le entablillan o le cosen.
Y sin embargo. . . uno corre enseguida a buscar excusas y disculpas cuando el hijo de las entrañas ha hecho lo que no debía, y nos olvidamos que también en el error, en la culpa puede encontrarse una lección muy válida si se acepta. . . eso mismo, que el hijo también ha podido tener culpa en el desaguisado . . . aunque sea inocente . . . el pobrecillo.
Y sin embargo se desearía tanto que el niño del amor sin medida supiera comportarse, atenerse a unas normas básicas, supiera corresponder mínimamente al cariño desplegado por quienes más le quieren, seguir su rutina diaria sin aspavientos ni desaires, hacerse fuerte poquito a poco, capaz de ir siendo él mismo sin devastar cuanto le rodea. . .
Cuando es verdad que los sueños frente al bebé entrañable han dado paso a la pesadilla por la incertidumbre que inspira el pequeño tiranuelo que acongoja y desmorona, a diario, todo el amor puesto a su disposición chafado y reventado.
Cuando es verdad que el pequeño va golpeándose como un zombi contra lo que más debiera querer, tal vez porque ha perdido el norte de haberle ahorrado tanto el uso de la brújula y la lección de los fracasos propios.
Cuando es verdad que el niño está pidiendo a gritos, y a malas contestaciones, y a pésimos comportamientos que le muestren el camino, que le ofrezcan algún ejemplo digno, que le dejen crecer con las consecuencias en la encarnadura de sus experiencias vitales, con quienes más le quieren junto a él, con quienes más le quieren exigiéndole lo que ellos han de escenificar primero, ejemplo y serenidad, guía y esfuerzo, responsabilidad y coherencia, amor y más amor, comprensión y autoridad . . . para hacer el camino que se debe, haciendo posible el despertar a la vida, de la mano y del respeto mutuo, con el coraje de los buenos y la bondad de los valientes.
Porque es tan fácil y gratificante sacar un hijo adelante que hay que jugarse el resto en el empeño si se quiere tener éxito en el intento.

Torre del Mar 25 – febrero – 2.012

¿QUÉ SERÁ, SERÁ?


Del miedo macerado con la necesidad, haciendo estragos en la codicia consentida y ahora truncada.
¿Qué será será? Deslumbrados por la carrera hacia la nada prometida en pos del premio a costa de los otros
Tenemos ejemplos cercanos y abundantes, y además bien explicados.
En Chile, país floreciente, por lo visto, los estudiantes y sus familias ven aumentadas las tasas para su formación de manera exponencial, ahora que parece que todo va muy bien y, ¡cómo no! la educación, la cultura escenificando un precio suficientemente alto como para que la selección de los pudientes evite la contaminación social, por ejemplo.
En Argentina, otro país que también debe ir bien económicamente, o así lo venden, un terrible accidente ha destripado la pus que yacía bajo la tersa piel. Ante una red ferroviaria modélica, con más de 40.000 km. y 190.000 empleados, apenas sobreviven 7.000 km. y 20.000 empleados, desde que se entregó el servicio a manos privadas, convenientemente subvencionadas por tres o por cuatro respecto a su situación anterior. Asegurando pues la distancia entre las clases sociales, unos enriqueciéndose a manos llenas, otros muchos más espachurrados dentro de unos vagones desvencijados y obsoletos.
En Valencia, aquí tan cerca de nosotros, como muestra un botón, cautivo el clientelismo, desaforada la corrupción, desbarradas las comisiones, los fastos suntuosos con tantos márgenes, anegado el paisaje de negocios faraónicos, ruinosos y disparatados, en nombre de la ñoñería más radical y la desvergüenza más a resguardo, bajo la cruz y la obsesión privatizadora.
Como en Madrid, que también, ahora ronroneando la isla de juego y prostitución, de esparcimiento y juergas a gogó, como obsceno gran negocio, isla fiscal y exenta de ordenamiento jurídico común, goloseando a los prebostes que se frotan las manos hasta descarnarlas, por la codicia y el amor al dinero al fin del mundo, al abismo de la inmoralidad. Y viva pues el negocio puro y duro, apenas guarnecido, a la voz de ya, por esas pátinas de buena costumbres, resignación cristiana y doble o triple moral hasta la arcada.
Y todo ello abonando el miedo y la resignación para que aderecen el gazpacho necesario, para anestesiar al personal que no sabe como ya no le salen las cuentas de hace pocos años, viniendo a entregarse en rendición incondicional a los testaferros del poder que aprieta y ahoga, estruja y arremete hasta que estemos en sus manos, por supuesto, como títeres, en el vaivén preestablecido, en la estrategia planificada e inclemente, hasta que solo les tengamos a ellos, repartiendo migajas al rebufo del agradecimiento servil y mezquino, por volver a ser lo que nos prometen entre dientes, ricos y acochinados, aunque solo sea por un tiempo corto, para volver a empezar y así hasta que se asiente la explotación perfecta del hombre por el hombre, prometido el paraíso eterno a cambio del enriquecimiento burdo y bastardo de ahora, en la tierra que es su finca.

Torre del Mar 24 – febrero – 2.012

jueves 23 de febrero de 2012

¿ES LA BOLSA?


Es la bolsa, el bolsillo, el estómago, la necesidad más primaria, la cuenta corriente, la cuenta vacía, con números rojos, el reajuste doméstico brutal y trágico, para que no se note demasiado, con la mirada triste, muy triste, desolada y devastada cuando no se ve esperanza alguna, y sin embargo siguen socavando en la querencia inducida por la buchaca llena, a rebosar, o medio vacía, o medio llena, sin las plusvalías que callaban y excitaban, con una mano delante y otra detrás, descarnada la hambruna disimulada, hasta cuando no se pueda más . . . cargando en el haber de los desahogados sinvergüenzas el déficit de su despilfarro y pésima gestión.
Es la bolsa y solo la bolsa, la barriga sonando a tambor viejo mientras se añoran tiempos mejores, es la obsesión cainita que nos va haciendo monotemáticos, paranoicos, resignados hacia la debacle que anuncian y sentencian un día tras otro, con la desfachatez de los miserables codiciosos que saben de dónde se puede rascar aún más y más.
¿Es la bolsa y la vida? ¿la bolsa o la vida? La vida entregada, servil, rácana y menesterosa a la expectativa ruin de volver a resurgir, en la espera inevitable, cruda e inhumana por volver a ser alguien. ¿Es solo la bolsa? ¿Interesa que sea solo la bolsa?. . . ¿Nos olvidamos del resto? Como si no cupiera la sensibilidad y la rabia, cuando resulta que solo ilumina el horizonte el vocerío justificado, la manifestación redentora de unos chavales por dignificar su educación, como si de un brote mínimo se tratara, como si de una evanescente protesta se tratara apenas, en el imaginario idílico de lo que se da por perdido. Como si no interesara nada más que llenar la barriga y el bolsillo, que sí, ateridos ante el enfado y las amenazas de los ídolos de barro y oro que asolan nuestras rendidas existencias.
Cuando solo quieren que se trate de la bolsa, cuando se desentiende el personal del coraje y la palabra, de la generosidad y el corazón, de la fraternidad y el sentimiento a flor de piel por el otro, en aras del conocimiento y la libertad, el verso y el verbo, sin un paso atrás que nos hunda más en la inanidad de la derrota aceptada como inevitable, como inaceptable para poder seguir en la brecha de la propia dignidad, de la inexcusable humanidad, de la necesidad imperiosa de reencontrarse con la verdad de los sentimientos y el conocimiento.
Es la bolsa y la vida, por supuesto, es la vida y la bolsa la que nos estamos jugando y perdiendo a grandes estragos, es la vida la razón de nuestro aliento invencible mientras encuentre razones para seguir luchando, bregando a diario, diciendo no, proclamando bien alto que no estamos dispuestos a rendirnos.
Cuando es necesario repetir una y otra vez que si, que hay algo más que la estricta supervivencia, aunque solo se trate de eso, aunque siempre tengamos la vista y el puño, la voz y la palabra más allá del horizonte que sigue incólume, al final de nuestros sueños, al fondo de nuestras aspiraciones.

Torre del Mar 23 – febrero – 2.012