
A diario, repetida hasta el adormecimiento total, como si de miles de gotas malayas se tratara, haciendo su labor perfecta, estratégica y perfectamente planificada, con la indolora mendacidad del horror pasado por el túrmix de la indecencia más absoluta, asumida por todos quienes rápidamente se ponen a otra cosa para ver si escampa.
En tanto la tragedia se repite minuto a minuto en el sinfín de infiernos tan localizados como puestos en cuarentena, con idea de que causen el efecto más interesado, en el olvido de los desgraciados muriendo de mala manera, mientras hace lo que puede el fútbol, el gran espectáculo, mientras vota el insigne matarife sirio, a 50 muertos el día, sin nombre en las editoriales, con su rostro quyerido, su existencia partida entre los suyos, y las FARC que prometen renunciar a su criminal ocupación, de momento, en tanto el fútbol apenas deja un resquicio al baloncesto, y de paso los abertzales lamentando lo justo por si cuela, y el yerno espabilado que salpica su estúpida inmoralidad como si prometiera no haber roto un plato nunca, ahora que la justicia ha perdido toda credibilidad y los parias caen como moscas y los grandes delincuentes de la gama alta estiran y estiran el el chiringuito judicial como si fuera propio y les debiera algo, tan bobo el yerno como solemne el perillán, tan pringado de nuevo el yerno como soez su codicia, a pesar de sus ínfulas, y dale al fútbol por la banda y al baloncesto bajo la canasta, mientras los popes de uno u otro credo dejan en mejor lugar a su dios hipotecado ante el avance inmisericorde de la ciencia, como si ésta enfadara al dios del rictus estreñido, en tanto son sus profetas en la tierra los de la mala leche, ahora que los rusos o los chinos o los americanos . . . vetan y vetan . . . mientras en cualquier rincón del mundo muere un desheredado que nadie conoce y otro pobre reclama justicia como si no, sin que nadie oiga su grito desgarrador y se ponen altavoces a los desmanes de los corruptos de tergal y descaro. Entre el escepticismo y la suspicacia, entre la desesperanza y el arribismo miserable de los prohombres que saben a qué estamos jugando . . . todos para que ganen ellos.
Restregada la actualidad en la penuria moral que asola cualquier atisbo de regeneración social . . . ahora que ya nos han asegurado que solo toca pagar y callar, . . . aunque en el camino a urgencias muera una paciente que iba hacia otro lado, o no, que a quien le importa . . . mientras no nos vaya pasando a nosotros. . . ¿verdad? Y mueran otros muy lejos.
Mientras los grandes de la tierra se reúnen y ríen, al margen de sus súbditos que habrán de plegar su dignidad en aras del desarrollo global de los barandas que ahoga y ahogan, con pericia y profesionalidad, hasta que caigamos en sus fauces cuantas veces ordenen, durante el tiempo que aconsejen . . . bajo la ley dictada por los canallas que hemos ido eligiendo con desparpajo inducido, como poco, con insolente credulidad como mucho, con el egoísmo más absoluto puesto a prueba demasiadas veces. . . después de haber perdido otras tantas veces.
Torre del Mar 27 – febrero – 2.012





