Para que se nos llene la boca
y se den al vuelo las ínfulas, sin un ápice de escarmiento que nos indujera a
estar un poco moscas. Pues ni por esas.
ESADE o lo que es lo mismo Escuela Superior de
Administración y Dirección de Empresas, en la cuadratura del círculo, fundada
por un jesuita, que lo mismo valen para un papa, un teólogo revolucionario, un
cura de barrio o un director fundador de una Escuela para élites financieras y
tal y tal . . .con la inspiración, supongo, de algún espíritu santo de una
iglesia que se dice de los pobres.
Pero en
fin, cosas veredes e incongruentes, o no, según como se interprete, claro que
si uno a las pruebas se remite con la que “andan cagando y cagándose” los
supuestos “príncipes de los negocios”. . . pues vaya uno a saber a qué
atenerse. . . cuando ya no se entiende nada.
Sobretodo
si se trata de comulgar con las ruedas de los desahogados, tan estudiosos, como
para sacar pecho todavía, cuando resulta que la citada Escuela tuvo como
profesor al inefable Diego Torres y como distinguido alumno al no menos
inefable Urdangarín.
Y todos
ellos junto a otros cuarenta mil antiguos alumnos que se licenciaron con
brillantez y todos los honores, ¡faltaría más! como para no entrar en sospecha
con estos “super negociantes” que nos han llevado adónde estamos, ¿o no? o
ellos también pasaban por allí y entre “todos la matamos y ella solo se murió”.
Pero nada
la cosa está montada como está y ya desde que yo era mozalbete medio estudiante,
ni bueno ni malo, y destacaban cómo no, por listos y relistos, los futuros
economistas y negociantes que ya prometían desde niños, tan aclamados por sus
pericias, mientras hablaban que los tiempos serían propicios o no, más bien no,
para la inofensiva lírica, con tanto descaro que “los de ciencias miraban por
encima del hombro a los de letras”, ¡qué menos!.
Pero nada
el que vale vale para dedicarse al pingüe negocio de la depredación pura y
dura, con los ribetes dorados de pura ingeniería financiera, tan válida como
imprescindible para abrirse camino en la vida de los negocios. . . apilando
millones como sea, a más más, y a menos fracaso absoluto. Y el que no a la cola
de la desesperación y al azar de la voluntariosa honestidad.
Y con todo
la admiración por los triunfadores soslayará cualquier contratiempo, pillería o
fechoría que no conseguirán nublar la excelsa fama de ESADE y sus honorables
alumnos.
Torre del Mar 22 – mayo – 2.013

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